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viernes, octubre 16

Otra de microbuses

Me subí a un microbus de la ruta 18. El día anterior en esa misma ruta perdí mis llaves con su bonito llavero, me subí con la esperanza de que se repitiera el chofer y la unidad; obviamente no fue así, me senté pues un poco descorazonada (no tendría por qué estarlo si no hubiera dado cabida a semejante ingenuidad)

Desde el asiento trasero en el que me senté vi un camión de mudanzas que pidió orientación al chofer, como éste no se la pudo dar, uno de los pasajeros empezó a hacerlo por la ventanilla.

-Aquí en el semáforo vas a dar vuelta a la derecha- decía mientras levantaba la mano izquierda señalando esa dirección -te sigues todo derecho y en la glorieta vuelves a agarrar a la derecha -repitiendo el mismo gesto. Esta segunda vez lo interrumpió el de mudanzas preguntando "¿izquierda?" -No, te digo que derecha.

Todos lo observábamos probablemente pensando lo mismo "¿dislexia o estupidez?". El hombre sentado junto a mí negaba con la cabeza cada vez que se escuchaba la palabra "derecha" acompañada de la mano izquierda. La tercera vez que lo hizo 2 pasajeros (incluído mi compañero de asiento) y el chofer dijeron al unísono "¡IZQUIERDA!". Todos nos reímos y el hombre se quedó con la mano izquierda levantada mientras intentaba identificar la palabra con el gesto.

La escena fue una mezcla de el "Chavo del 8" con una de esas series gringas que incluyen risas para que sepas en qué momento el diálogo fue gracioso... creo que lo notamos pues después de soltar la carcajada cada quien volvió al gesto serio o cansado con que había abordado el vehículo.

sábado, agosto 22

Welcome to the jungle

Hoy me subí a uno de los nuevos camiones ecológicos, justo estaba observando lo impecable que estaba todo cuando un tipo en una camioneta lanzó algo contra el camión y rompió el vidrio... todos nos asustamos y alguien sugirió tomar las placas, fue un buen momento para estrenar la libreta y pluma de bolsillo que tanto tardé en conseguir, pasamos el papel de mano en mano hasta que llegó al chofer.

Cuando llegamos a la base me acerqué al operador para decirle que había olvidado escribir el modelo y el color (pero afortunadamente sí lo recordaba), se me hizo un hueco en el estómago cuando vi que su pantalón azul marino estaba cubierto de cristalitos y me regresó el papel con la mano temblorosa. 

La gente esta loca, especialmente la que vive en ciudades tan desquiciantes como la mía, solo así me explico que haya quien so pretexto de cualquier estupidez lastime a quien se atraviesa en su camino. 

Después del cristalazo, la camioneta y el camión coincidieron en un alto pero nuestro chofer no hizo nada, creo que fue lo correcto pues, a pesar de la frustración, no debemos ser parte de esa cadena de neurosis que desemboca en la violencia.

viernes, junio 19

Something happened on the way to Heaven


El 2 de abril de 2005 cuando me fui a dormir encontré en mi camino esta foto, la besé y esa misma noche...


Tomé un camión con un par de amigas, nuestro destino era la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, nos separamos para ocupar distintos lugares, el mío estaba justo detrás del chofer. Estaba viendo hacía la ventana cuando mi vista periférica percibió un manchón blanco en el extremo derecho, giré la cabeza y ahí estaba él sentado, volví a la ventana y caí en la cuenta de lo que estaba pasando: Juan Pablo II y yo viajábamos en el mismo autobús. Miré para todos lados buscando quien respaldara mis visiones. 

Mis acompañantes y yo nos acercamos a él y yo tomé su mano mientras decía "Holy Father", él la quitó y me mostró que ya no traía en anillo, yo le dije "no importa, no es el anillo lo que quiero besar", tome de nuevo su mano y la besé. 

-¿por qué nadie lo acompaña?
- nadie sabe que éste es el camino - contestó con una sonrisa
- no le importa que lo acompañemos nosotras, ¿verdad?
Respondió negativamente con un movimiento de cabeza
- es muy triste todo esto, ¿no cree?
- sí, creo que sí - se detuvo un momento a pensar y continuó - a decir verdad, venía rezando el Rosario y no me había puesto a pensar en eso - sonrió de nuevo

Se levantó de su asiento e hizo la parada en la Terminal de Autobuses del Norte, bajamos con él y nos despedimos con un abrazo.

-Pues bueno... Y se alejó caminando entre la gente.

 Espero poder recordar el camino hasta la próxima vez que nos volvamos a encontrar.

martes, junio 2

Y coincidir...

Todo resultó más o menos como lo había imaginado.

Me paré en un buen lugar, en realidad lo único bueno del lugar era la ubicación pues me encontraba entre un charco de sospechosa procedencia y filas de camiones con olor a diesel quemado. 

Recargada en la cortina naranja de algún comercio miraba hacia el lado contrario esperando el factor sorpresa. Escuche una voz que dijo mi nombre y empecé a temblar, eso no estaba en mis planes, ni el que mis orejas cambiaran de temperatura y mis cachetes de color... El saludo fue un largo abrazo, tal vez los acumulados a 101 días de separación.

Decidí regresar las 16 estaciones del metro que había recorrido, ahora tenía una compañía con quien valía la pena hacerlo... 

El metro avanzaba tan rápido que percibía algo de malicia en esa inusual ligereza; el tema de conversación no lo se con precisión pero el concepto subyacente era el de coincidencia.

Elementos, un par de momentos de tensión, algunos comentarios con sabor a melancolía, ciertas ideas acompañadas por lágrimas, todo sobre un fondo de inmenso gozo. A ratos el silencio lo gritaba.

Y la tarde se alargó en el momento justo en el que las obligaciones pedían que aquello terminara, una vez abierto el corazón éstas acallaron y accedieron a la complicidad. La oscuridad de la noche contrastó con el fulgor de dos almas reencontradas. 

Agradezco en mi vida los momentos, las personas capaces de dar consuelo en medio del duelo cuando ellas mismas lo padecen, la pesada carga es llevada entre los dos y se vuelve necesario mantenerse juntos para resistir.

viernes, mayo 29

Goliat


De nuevo ocurrió en el microbús.

Abordé para recorrer unas cuantas cuadras. Pagué y me senté del lado derecho en un asiento de cuero sintético cuya temperatura estaba muy por encima de la mía, producto quizá de su larga permanencia bajo el rayo del sol que dominaba todo ese costado.

Nuestro recorrido era amenizado por esa mezcla de estilos cubanos comúnmente llamado salsa. 

No recuerdo la canción, me perdí en la calidad del equipo de sonido de "la unidad", sentía estar ahí, entre los timbales y los bongóes, entre las breves pero constantes intervenciones  de la tuba y  el cencerro marcando los tiempos; me encontraba inmersa en un viaje sonoro que fue abruptamente interrumpido por una voz grave, ahogada en lo que algunos hubieran considerado un escándalo, un hombre bajito, moreno, de unos 60 años: "bájale a tu pinche salón de baile, cabrón"

El chofer bajó un poco el volumen para preguntar cortésmente cuál había sido la petición, ésta se repitió en modo y potencia semejantes, llenos de asombro el "pasaje"  y el chofer, el segundo decidió ignorar el comentario y seguimos disfrutando la pieza. Una vez terminada la canción de la discordia, el "micromedonte" cedió y disminuyó el volumen. 

Y así, un pasajero que había pagado la flamante cantidad de $3 por el servicio que se le otorgaba venció al gigante.
  


viernes, mayo 22

ticket to ride?

Eran las 9:57 cuando vi el reloj por última vez, antes de rendirme ante el sueño que me acompañaba en el micro de regreso a mi casa. 

Después de un rato sentí que nos detuvimos y el motor paró, entonces escuché una voz "me permite señorita?" abrí los ojos entre confundida y somnolienta y vi al chofer a mis pies tratando de sacar algo de debajo de mi asiento, hice los pies a un lado y sacó su escoba con la que empezó a barrer el pasillo de "la unidad", un olor desagradable se propagó rápidamente... en la penumbra vi pasar frente a mi (estaba sentada junto a la puerta) al causante de todo: un fragmento de materia fecal introducido accidentalmente por alguno de nosotros... 

Las reacciones no se hicieron esperar, algunos opinaban que habría sido mejor no moverlo de lugar pues ahora olía peor, otros se concentraban en descubrir al portador de semejante inmundicia, otros, como yo, intentaban entender qué estaba sucediendo y uno más, el único, siguió imperturbable metido en su celular: teníamos al culpable identificado. 

Hubo un cruce de miradas entre los pasajeros y se escuchó la voz de una señora (casi siempre son ellas las que transmiten el sentir popular) diciendo en voz baja (casi siempre intentan hablar en voz baja) "de nada sirve que la echen pa' fuera si en el zapato trae la porquería"

Contrastaba la actitud impávida del sospechoso con la del "operador" que iba de aquí para allá intentando remediar el incidente, ya barría, ya limpiaba con papel de baño, ya rociaba el área afectada con diversos limpiadores; y con la de los pasajeros que buscaban rápidamente abrir rutas de ventilación... el olor ahora era más penetrante y un comentario más se hizo escuchar "nunca tapes un olor con otro olor"

Pasados algunos minutos pudimos continuar nuestro camino, no logré recuperar el sueño, había muchas cosas en las que pensar...