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miércoles, julio 22

Costume makes the clown


La semana pasada en la Villa fue la peregrinación de los payasitos y de pronto me vi rodeada por decenas de ellos, ahí, en ese mar de colores y extravagancias estaba yo que no paraba de llorar y es que los payasos me dan una tristeza infinita, pero eso historia corre paralela a la que ahora relataré.


Frente a mi se sentó toda una familia de payasos, eran, según mis conjeturas, los abuelos, 3 de sus hijos, la nuera y dos nietos, todos con vestuario, peluca y maquillaje. 

Uno de los niños tenía unos 8 años con alguna especie de retraso. A mitad de la Misa salieron los abuelos corriendo con ese nieto... después de 20 minutos regresaron pero el payaso menor no traía pantalones, en ese ambiente estrafalario pasó desapercibido hasta que le comunicó con un grito a su hermano menor la razón de su aspecto "e mojó a pipí", todos a su alrededor voltearon a verlo y noté como el abuelo se sonrojaba un poco bajo la delgada capa blanca de maquillaje, la abuela le ordenó que guardara silencio y empezó a solucionar el problema.

Tomó con dos dedos el pantaloncito mojado del niño y con la otra mano buscó una bolsa, le pidió a la payasita de enfrente la bolsa en la que tenía sus veladoras, ella la desocupó y se la dio solidariamente, era demasiado pequeña, sacó de su bolso de peluche rojo con lentejuelas una bolsa de globos que vació rápidamente para meter ahí la prenda, los dos niños tomaron los globos mientras el abuelo manoteaba para quitárselos, cuando lo logró los niños tomaron los silbatos que le colgaban del cuello y empezaron a pitar, su papá sacó unas galletas "Príncipe" que les zampó en la boca, solo así lograron estar quietos hasta el final de la Misa. 

Muy extraño y accidentado acto de culto pero digno de guardarse en la memoria o por lo menos digno de ser contado pues a pesar de la tristeza que me dan, esos payasitos me hicieron reir.

viernes, mayo 29

Goliat


De nuevo ocurrió en el microbús.

Abordé para recorrer unas cuantas cuadras. Pagué y me senté del lado derecho en un asiento de cuero sintético cuya temperatura estaba muy por encima de la mía, producto quizá de su larga permanencia bajo el rayo del sol que dominaba todo ese costado.

Nuestro recorrido era amenizado por esa mezcla de estilos cubanos comúnmente llamado salsa. 

No recuerdo la canción, me perdí en la calidad del equipo de sonido de "la unidad", sentía estar ahí, entre los timbales y los bongóes, entre las breves pero constantes intervenciones  de la tuba y  el cencerro marcando los tiempos; me encontraba inmersa en un viaje sonoro que fue abruptamente interrumpido por una voz grave, ahogada en lo que algunos hubieran considerado un escándalo, un hombre bajito, moreno, de unos 60 años: "bájale a tu pinche salón de baile, cabrón"

El chofer bajó un poco el volumen para preguntar cortésmente cuál había sido la petición, ésta se repitió en modo y potencia semejantes, llenos de asombro el "pasaje"  y el chofer, el segundo decidió ignorar el comentario y seguimos disfrutando la pieza. Una vez terminada la canción de la discordia, el "micromedonte" cedió y disminuyó el volumen. 

Y así, un pasajero que había pagado la flamante cantidad de $3 por el servicio que se le otorgaba venció al gigante.
  


viernes, mayo 22

ticket to ride?

Eran las 9:57 cuando vi el reloj por última vez, antes de rendirme ante el sueño que me acompañaba en el micro de regreso a mi casa. 

Después de un rato sentí que nos detuvimos y el motor paró, entonces escuché una voz "me permite señorita?" abrí los ojos entre confundida y somnolienta y vi al chofer a mis pies tratando de sacar algo de debajo de mi asiento, hice los pies a un lado y sacó su escoba con la que empezó a barrer el pasillo de "la unidad", un olor desagradable se propagó rápidamente... en la penumbra vi pasar frente a mi (estaba sentada junto a la puerta) al causante de todo: un fragmento de materia fecal introducido accidentalmente por alguno de nosotros... 

Las reacciones no se hicieron esperar, algunos opinaban que habría sido mejor no moverlo de lugar pues ahora olía peor, otros se concentraban en descubrir al portador de semejante inmundicia, otros, como yo, intentaban entender qué estaba sucediendo y uno más, el único, siguió imperturbable metido en su celular: teníamos al culpable identificado. 

Hubo un cruce de miradas entre los pasajeros y se escuchó la voz de una señora (casi siempre son ellas las que transmiten el sentir popular) diciendo en voz baja (casi siempre intentan hablar en voz baja) "de nada sirve que la echen pa' fuera si en el zapato trae la porquería"

Contrastaba la actitud impávida del sospechoso con la del "operador" que iba de aquí para allá intentando remediar el incidente, ya barría, ya limpiaba con papel de baño, ya rociaba el área afectada con diversos limpiadores; y con la de los pasajeros que buscaban rápidamente abrir rutas de ventilación... el olor ahora era más penetrante y un comentario más se hizo escuchar "nunca tapes un olor con otro olor"

Pasados algunos minutos pudimos continuar nuestro camino, no logré recuperar el sueño, había muchas cosas en las que pensar...